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Pronto podremos erradicar el cáncer de mama HER2-positivo como causa de muerte

Prof. Josep Baselga. Director asociado del Massachusetts General Hospital Cáncer Center. Boston. Estados Unidos

Licenciado en medicina por la Universidad Autónoma de Barcelona en 1982, el Prof. Josep Baselga hizo la residencia en el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, antes de marchar a completar su formación en Estados Unidos, primero en la State University de Nueva York y después en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York. A mediados de los noventa regresó a Barcelona, donde accedió al cargo de jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Vall d’Hebron desde 1996. En esa época creó el Instituto Oncológico Baselga, que desde 2007 ocupa una planta del Hospital Quirón de Barcelona. En 2006 fundó el Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) para la investigación oncológica. Es uno de nuestros científicos más reconocidos, galardonado con distinciones y premios como el Young Investigator Award de la Asociación Americana contra el Cáncer (AACR), el Premio Anual de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) —sociedad científica que presidió en 2008-2009—, la Orden Civil de Sanidad y el Premio Jaime I de Investigación Médica. En verano de 2010 comenzó una nueva etapa, al volver a Estados Unidos como director asociado del Massachusetts General Hospital Cancer Center de Boston, jefe de Hematología-Oncología de dicho centro y profesor de Medicina de la prestigiosa Harvard Medical School.

 

Prof. Baselga, ¿en qué situación se encontraba la lucha contra el cáncer de mama cuando usted se especializó en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Boston a finales de los años ochenta?

 

Por entonces diferenciábamos entre los tumores hormonosensibles, que tenían un buen pronóstico y podíamos curar en el 80% de los casos, y los no hormonosensibles, que carecían de expresión de receptores de estrógeno y cuyas afectadas tenían una supervivencia inferior al 50%. En cuanto a la terapia, disponíamos de tratamiento hormonal en primera línea, el tamoxifeno, de la quimioterapia clásica como las antraciclinas, y acababa de aparecer un grupo de nuevos medicamentos, los taxanos. En aquellos momentos pensábamos que la única solución para el cáncer de mama era utilizar dosis muy elevadas de quimioterapia, que a veces se combinaban con trasplante de médula ósea. Fue también en aquella época cuando se comenzó a saber que había un subgrupo de tumores, los HER2- positivos, que se asociaban a una supervivencia media bajísima.

 

¿Qué se ha aprendido desde el conocimiento de la existencia de ese subgrupo de tumores HER2-positivos?

 

HER2 fue clonado en 1985 por 3 grupos de Estados Unidos. Dos años más tarde se demostró que los tumores HER2-positivos eran muy agresivos y tenían muy mal pronóstico. Esto explicaba por qué un determinado porcentaje de tumores de mama no respondía al tratamiento disponible. En 1990 iniciamos los primeros ensayos clínicos con el primer medicamento diseñado para tratar los tumores HER2-positivos, que fue el trastuzumab. Recuerdo que entonces nos llegaron noticias de que una compañía norteamericana había desarrollado este fármaco y decidimos probarlo en nuestro laboratorio. Su actividad era tremenda y conseguía matar todas las células tumorales. Así que fuimos directamente a ver a los responsables de aquella compañía, Genentech, y a partir de aquel momento iniciamos los primeros ensayos clínicos. En 1992 ya podíamos comprobar las respuestas al tratamiento y, a continuación, los progresos se fueron sucediendo constantemente. En 1998 el trastuzumab se aprobó para el tratamiento de la enfermedad metastásica en Estados Unidos y en 2001 en Europa. En aquella época comenzamos los estudios en estadios iniciales del cáncer de mama y en 2005 ya habíamos demostrado que también era eficaz en estos tumores. Por lo tanto, el cáncer de mama HER2-positivo ha pasado de ser una enfermedad que mataba al 50% de las afectadas —y además lo hacía rápidamente— a ser una enfermedad que, bien identificada —lo cual ocurre en nuestro entorno en la práctica totalidad de casos— se cura en el 90% de las pacientes. El cambio ha sido radical.

 

 Es un ejemplo del cada vez mejor conocimiento del cáncer de mama.

 

Sí. Actualmente entendemos mucho mejor sus bases moleculares. Por ejemplo, en este tiempo se han descubierto los 2 genes más importantes responsables del cáncer de mama hereditario —BRCA1 y BRCA2 — y ya existen tratamientos eficaces, los inhibidores de PARP. En el caso de los tumores HER2-positivos, antes solamente disponíamos del trastuzumab, mientras que actualmente ya disponemos de 6 o 7 tratamientos distintos para estos tumores. En San Antonio (Estados Unidos) presentaré en diciembre el primer estudio de la combinación de trastuzumab y lapatinib como tratamiento neoadyuvante. Aún no conocemos cómo funcionará esta combinación, aunque sí sabemos que en enfermedad avanzada aumenta la supervivencia. Por todo ello, pienso que, gracias a los fármacos disponibles y a otras buenas ideas, podremos erradicar pronto el cáncer de mama HER2-positivo como causa de muerte.

 

“Volveremos a la bioquímica clásica, al ciclo de Krebs, para luchar contra el cáncer en una especie de vuelta a los orígenes. Un desafío que me hace una gran ilusión y que me ha obligado a desempolvar viejos libros de bioquímica.”

 

¿Qué tipos de tumores constituyen el principal desafío en estos momentos?

 

Por un lado, nuestro gran reto lo constituyen los llamados tumores triple negativos, aquellos que no tienen receptores de estrógeno, progesterona ni HER2, que tienen un mal pronóstico y sólo una minoría responde al tratamiento. Por otro, estamos empezando a comprender que los tumores hormonosensibles, así considerados porque expresaban receptores de estrógeno y progesterona, no constituyen un grupo homogéneo. Algunos de estos tumores responden muy bien a la terapia hormonal, los luminales A, pero hay otros que no responden y tienen mal pronóstico, los que llamamos luminales B. En consecuencia, nuestro campo debe especializarse en estudiar los tumores triple negativos y los tumores luminales B.

 

El cáncer de mama no es una sola enfermedad sino muchas enfermedades distintas. ¿En qué medida se ha avanzado en los últimos años para identifi- car cada subgrupo?

 

Tenemos muy claro que hay muchos subgrupos de cáncer de mama y se ha avanzado muchísimo para intentar entender cada tumor. En primer lugar, se ha progresado el conocimiento de cómo se va a comportar cada uno. Por ejemplo, podemos tener a 2 pacientes diagnosticadas de cáncer de mama, con tumores aparentemente iguales, por ejemplo, de 2 cm de diámetro y sin ganglios afectados. Pero en un caso habrá metástasis y en el otro no. Hasta hace poco éramos incapaces de cuantificar el riesgo de metástasis de una manera precisa. Esto obligaba a administrar quimioterapia a la mayoría de las pacientes. Sin embargo, ahora tenemos capacidad para conocer la expresión en el tumor de una serie de genes que nos permiten predecir con una precisión altísima cuál será el comportamiento del tumor. Por este motivo, muchas pacientes a las que antes se administraba quimioterapia ahora no la reciben porque no la necesitan. Con estas pruebas, en estos momentos podríamos ahorrar la quimioterapia hasta en un 40% de pacientes. Es un claro ejemplo de cómo la genética nos está ayudando. Hemos pasado de utilizar altas dosis de quimioterapia en la mayoria de mujeres a limitar de manera creciente su uso.

¿También ayuda a conocer cómo responde cada tumor a un tratamiento de terminado?

 

Cada tumor tiene unos mecanismos que le ayudan a crecer. Es lo que llamamos un conductor. Si podemos conocer el conductor de cada uno, podremos instaurar tratamientos personalizados para cada paciente. Ésa es la dirección que estamos tomando.

 

¿En qué proyectos de investigación está trabajando en estos momentos?

 

Trabajo en 2 laboratorios de investigación, uno en Barcelona y otro en la Universidad de Harvard, con un equipo muy amplio. Estamos investigando sobre todo nuevas moléculas en cáncer de mama. En el Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) he presentado los resultados de un estudio realizado con cetuximab, un agente contra el receptor de factor de crecimiento epidermico (EGFR), en tumores triple negativos. De hecho, el primer ensayo clínico que llevé a cabo en mi carrera fue con cetuximab cuando este fármaco fue desarrollado. También estamos trabajando mucho en el cáncer de mama luminal B, y hemos descubierto un par de vías que creemos probablemente responsables del comportamiento de este tumor. En este contexto estamos estudiando la combinación de inhibidores del receptor del factor de crecimiento análogo a la insulina (IGFR-1) e inhibidores de mTOR. En el estudio de fase I, que presentamos este año en la reunión de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), obtuvimos un 40% de respuestas, que es una cifra altísima. Por otro lado, también estamos investigando otro grupo de moléculas muy interesantes, que son los inhibidores de la PI3-kinasa (fosfoinositida 3-kinasa). Hemos descubierto que un porcentaje de cánceres de mama presentan una mutación de este gen, un hallazgo muy novedoso gracias al cual hemos recibido una importante subvención del Stand Up to Cancer para proseguir las investigaciones. Y aparte de esos estudios, continuamos investigando en el ámbito de los tumores HER2-positivos.

 

“Una característica muy bonita de la ciencia es que, aunque se trabaja en equipo, las ideas siguen viniendo de mentes brillantes, de individuos que trabajan en un entorno fértil.”

 ¿Cuál considera su próximo desafío?

 

Después de la aventura de la biología molecular y la genética, vamos a volver a la bioquímica y a la fisiología básicas. En ese ámbito, hay algo que llama la atención de manera poderosa y que hasta la fecha no hemos sabido integrar: que la célula cancerosa tiene un metabolismo anómalo y utiliza la glucosa para fines subversivos. La célula normal utiliza la glucosa para la glucólisis aeróbica, pero ya hace muchos años, hacia 1920, un fisiólogo alemán llamado Otto Warburg descubrió que las células cancerosas consumen más glucosa que las normales, pero con fines distintos, como síntesis de lípidos y proteínas que les ayuden a crecer. Por lo tanto, las vías metabólicas de las células cancerosas son distintas y creo que son vías sobre las que vamos a poder actuar. Pienso que volveremos a la bioquímica clásica, al ciclo de Krebs y compañía, para luchar contra el cáncer en una especie de vuelta a los orígenes. Ya estamos comenzando a identificar componentes de las vías metabólicas básicas que están mutados y pienso que el gran reto radica en atacar el metabolismo de la célula cancerosa, un desafío que me hace una gran ilusión y que me ha obligado a desempolvar viejos libros de bioquímica.

 

 ¿Qué supone haber marchado de Barcelona para trabajar en el Massachusetts General Hospital de Boston y la Universidad de Harvard?

 

Representa una nueva etapa en un entorno muy especial, pues es donde existe la mayor concentración de ciencia en biomedicina del mundo. Además, hay una gran concentración de compañías biofarmacéuticas pequeñas de donde surgen grandes ideas. Pienso que una característica muy bonita de la ciencia es que, aunque se trabaja en equipo, las ideas siguen viniendo de mentes brillantes, de individuos que trabajan en un entorno fértil. Entrar a formar parte y dirigir parte de esta comunidad tan privilegiada constituye un enorme estímulo.

 

¿Desde Boston sigue colaborando con el Instituto Oncológico Baselga del Grupo Hospitalario Quirón y con el Hospital Vall d’Hebron?

Efectivamente. Mantenemos una extensa colaboración y estamos tratando de crear puentes entre estas instituciones, posiblemente un máster de oncología entre el Massachusetts General Hospital y Vall d’Hebron. Hay médicos en formación que van de un sitio a otro. Voy con frecuencia al Hospital de Vall d’Hebron y todas las semanas tenemos reuniones mediante videoconferencia. Este tipo de alianzas es muy importante, pues hay aspectos de la ciencia que, aunque parezca paradójico, pueden llevarse a cabo mejor en Barcelona que en Boston debido a ciertas condiciones especiales. Por ello es necesario establecer alianzas de colaboración de manera creciente.

 

 ¿Qué opina de la financiación de la investigación en España?

España había hecho un tremendo esfuerzo en ciencia pero los recortes en los 2 últimos años han provocado que el sistema esté profundamente amenazado. Estos 2 años han sido muy negativos, hasta el punto de que existe un riesgo real de que se destruya gran parte de lo que se había construido durante muchos años. La investigación clínica, que era un punto fuerte de la ciencia en España, está asimismo muy amenazada. Entre los investigadores hay un gran malestar, e incluso en el extranjero existe una gran preocupación por la delicada situación que atraviesa la ciencia española. Si no se soluciona va a haber una diáspora de investigadores. Además, hay una disociación entre el discurso político y las acciones que se llevan a cabo. Es una pena, porque España estaba saliendo del hoyo. Lo único positivo es que la situación es recuperable, pero deben buscarse soluciones cuanto antes.

 

“España había hecho un tremendo esfuerzo en ciencia pero los recortes en los 2 últimos años han provocado que el sistema esté profundamente amenazado.”

Entrevista: Víctor Estrada

Fuente: Univadis.es

Noticia publicada el 16/08/2011

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